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La autenticidad


La autenticidad del individuo solo es posible si éste adquiere un alto nivel de conciencia, un amplio conocimiento de sí mismo y del contexto social en que se desenvuelve, cuando toma conciencia de los problemas sociales y de las causas que los provocan, de las desigualdades e injusticias que arruinan este mundo.

Para actuar con independencia y autenticidad es necesario ser conscientes moral y sicológicamente, es una condición sine quanon, para poder luchar por nuestra libertad y nuestro bienestar y el de los demás. El sistema capitalista se ha ido reforzando con la integración de quienes se declaraban sus oponentes como ha pasado con los partidos mal llamados obreros o de izquierdas y con los sindicatos institucionalizados, que en su mayor parte venían siendo hasta hace poco correa de transmisión de esos partidos, y que ahora más que nada son: fieles servidores de su amo; el Estado, que es quien les paga, para que puedan seguir manteniendo a esa multitud de liberados, vividores del sindicalismo, conspicuos traidores de la clase obrera; que con el tiempo todos han ido aceptando las reglas del juego, los esquemas del orden establecido, renegando de sus supuesto orígenes ideológicos y de sus aspiraciones de transformación social.

Hoy día ninguno de ellos cuestiona el sistema, y a lo sumo se conforman con reformas parciales, que siempre quedan en nada, como consecuencia esto está llevando a la socialdemocracia y a toda la izquierda en general, a una ruina moral e ideológica, a una orfandad de principios; de su teórica lucha por conquistar el poder para cambiar la realidad social, solo queda la lucha por el poder y gozar de sus privilegios, para que nada cambie; causa por la que la clase obrera les haya dado la espalda definitivamente.

Se podrá argumentar que la clase obrera actual no es la misma que en etapas anteriores del capitalismo, que el mismo concepto de clase se ha desdibujado o difuminado, que existe una amplia clase media que sirve de colchón amortiguador en la confrontación y en el antagonismo de clases, que entre los mismos trabajadores hay grandes diferencias económicas y sociales, que lo que hemos venido denominando históricamente como conciencia de clase ha desaparecido; puede que lo que he citado anteriormente sea cierto en parte, pero no es menos cierto, que el capitalismo actual es básicamente el mismo de siempre, que se sustenta en los mismos pilares, que tiene como principio fundamental la defensa de la sacrosanta propiedad privada, de los privilegios de los propietarios y de la clase burguesa; que sigue existiendo la explotación del hombre por el hombre, que las diferencias sociales lejos ir desapareciendo siguen aumentando, más acentuada ahora si cabe, con la crisis económica, que la diferencia entre países pobres y países ricos, sigue aumentando, que las guerras y el hambre continúan en el mundo.

El posibilismo y el pragmatismo y el reformismo han llevado progresivamente hacia la muerte de las ideologías y de la conciencia de clase, la institucionalización de fuerzas que en otro tiempo fueron opositoras al sistema, hace que éste se refuerce, y aumente el grado represión, brutalidad destructiva e irracionalidad. Todo parece indicar que el capitalismo está en la actualidad más consolidado que nunca. Él anarquismo es la única ideología que aún no ha sucumbido al poder de integración del sistema capitalista, que conserva íntegramente su independencia y sus aspiraciones de transformación social. La sociedad actual nos ofrece una realidad virtual que desvirtúa la realidad de las cosas y de los conceptos, lo que facilita la manipulación de la opinión pública y del individuo.
Vivimos en una sociedad de lo aparente donde las libertades son más estéticas que reales, bajo una envoltura aparentemente democrática subyace una sociedad represiva y totalitaria. Lo que se ha venido a llamar crisis económica es en realidad una fase más aguda de una crisis permanente, que se suele dar de manera cíclica. Cuando las empresas y los bancos obtenían grandes beneficios, ya había millones de personas que estaban por debajo del umbral de la pobreza, eran muchos los que carecían de una vivienda digna, de un trabajo que les permitieran vivir con dignidad, o que tan siquiera les permitiera ir tirando, pero a pesar de ello, entonces nadie hablaba todavía, de crisis económica, ha sido cuando las grandes empresas y los bancos no han obtenido los beneficios esperados cuando ha empezado a alarmarse y hablar de crisis.

Los trabajadores sin embargo siempre hemos estados en crisis, dependiendo de un salario, que nunca es suficiente para satisfacer las necesidades personales y familiares; y cuando carecemos de empleo: dependiendo de la limosna del paro, en muchos casos ni tan siquiera eso. Estamos sometidos por un sistema económico social que nos impone el paro, la miseria y la guerra, que nos pervierte y nos deshumaniza.

Todavía nos cuesta creer que puedan ser ciertas las espantosas atrocidades cometidas por los nazis contra los judíos y que ahora cometen los judíos contra los palestinos, la humanidad parece no haber aprendido nada de aquella terrible tragedia que fue la Segunda Guerra Mundial, y vuelve a cometer una y otra vez los mismos errores. Me duelen todas esas imágenes de terror y de barbarie, toda la amargura y el sufrimiento de la multitud de víctimas inocentes que padecen el azote del hambre, la guerra y la desesperación, el lamentable espectáculo de la devastación y de la barbarie. No podemos dejar de pensar, en el padecimiento, en la angustia, en la soledad, en la sensación de desamparo, en el silencio de los corderos y en los gritos del silencio, en todo el dolor de un mundo fracasado, que se hunde en el precipicio de sus propios errores.

Porque amo la paz y odio la guerra: deseo que llegue el día que la humanidad tome conciencia de sus crímenes, que seamos lo suficientemente sensibles para oír, el eco de de los ausentes, el grito de los hambrientos, de los desahuciados, que nos gritan: ¡basta ya! Que no haya más cristales rotos en la noche, que los niños y mayores no mueran acribillados en las calles de Bagdad, de Gaza, o de Jerusalén, o en cualquier otro lugar del mundo, que las calles sean para el juego, para la risa, para la vida; que sean un lugar donde poder vivir en paz y armonía, sin temores, ni disputas, donde poder disfrutar del fruto de nuestro trabajo, individual y colectivo.

El primer objetivo de toda economía debería ser: garantizar las necesidades básicas de todos los seres humanos y alcanzar el mayor grado de satisfacción posible para todos, pero esto no se conseguirá únicamente con un crecimiento económico, ni con un aumento o disminución de impuestos, ni con un aumento de la inversión pública o privada, ni con leyes ni decretos de ninguna clase, sino que es absolutamente imprescindible un cambio profundo de estructuras. Es necesario crear un sistema económico que de manera fehaciente persiga el bien común, que respete al individuo, que garantice la libertad y la igualdad económica y social de todos los seres humanos.

Pero la crisis en realidad no es solamente económica, es sobre todo una crisis moral y social, social porque afecta a la mayor parte de la población que se ve privada de los recursos económicos necesarios para cubrir sus necesidades más elementales, y moral por que antepone el beneficio privado, los privilegios de una minoría dominante, a los intereses generales; creando desigualdades e injusticias, por lo que los verdaderos creadores de la riqueza, ( los trabajadores ), se ven privados de la mayor parte del fruto de su trabajo. En la actual sociedad se basa en valores socialmente destructivos, como la competitividad y el lucro personal, y se desprecian valores como la solidaridad, la dignidad o el apoyo mutuo, todo esto genera una perversión y crea una desorientación, tanto individual como colectiva.

La sociedad actual fomenta una mentalidad que se adecua a los intereses del statu quo imperante, es decir: un individuo que no cuestione los privilegios de la clases dominantes, que carezca por lo general, de una personalidad propia, y que esté huérfano del sentido de la dignidad y de la solidaridad, despojado del espíritu crítico y del pensamiento subversivo, que ha pase de ser sujeto pensante y socialmente reivindicativo, a un objeto productivo, a una mercancía más, que se compra y se vende. La sociedad está llena de espejismos, de falsos mesías, de falsas promesas, y de atajos que no llevan a ninguna parte, de trampas que nos desvían de nuestros verdaderos intereses personales y de clase. Para ser fieles a nuestros principios y a nosotros mismos es imprescindible mantener siempre al máximo la coherencia entre la teoría y la práctica, entre los medios y los fines a los que aspiramos.

Con medios o métodos autoritarios jamás podremos alcanzar ningún fin libertario; los medios tienen que ser siempre coherentes con los fines propuestos. Como personas no podemos conformarnos con lo que hay, porque conformarse significa rendirse, y rendirse supone perder la esperanza, renunciar a soñar, y el que no sueña, está muerto, la resignación es un suicidio, resignarse es renegar de uno mismo. Debemos tomar las riendas de nuestro propio destino, decidir por nosotros mismos, sobre todo lo que nos concierne, sobre todo aquello que afecta a nuestras propias vidas. Aspirar a vivir cada momento, porque vivir no es lo mismo que sobrevivir, vivir de verdad, es disfrutar plenamente de esta oportunidad que es la vida, y que a nadie se le debería impedir vivirla, con dignidad y derechos.
Detesto las ordenanzas, las normas impuestas, los protocolos, los reglamentos, la ostentación, los fuegos fatuos, todo aquello que restrinja existencia, y amo la libertad, la vida sencilla y apacible.
Detesto el reformismo y el neo-reformismo y sus inútiles y anacrónicas formulas para conquistar el poder y cambiarlo desde dentro. Prefiero la esencia a la apariencia, la ética a la estética y lo auténtico a lo sucedáneo; prefiero lo verdadero, lo espontáneo, lo que fluye libremente del corazón humano, prefiero la fuerza de la razón que la razón de la fuerza y ser: un ser humano incontrolable antes que un objeto pasivo.

El hombre cuando se institucionaliza pierde todo su espíritu de rebeldía, su espontaneidad, su nobleza, su autenticidad, se convierte en una pieza más del engranaje institucional, en una oveja más del rebaño. La sinceridad es la madre de la confianza, con la mentira no pude haber confianza, ni amistad, ni compañerismo; pero, sin embargo hay quienes son partidarios del perverso principio de que el fin justifica los medios, por lo que no dudan para alcanzar sus objetivos, recurrir a la mentira, al fraude, a la compra de votos o a la confabulación; por a conseguir como sea sus mezquinos intereses, que suelen ser por lo general, el afán de lucro y los privilegios personales o de grupo.
Las personas integras, más aún, los que verdaderamente creemos en las ideas libertarias, tenemos la obligación moral de denunciar y oponernos con todas nuestras fuerzas contra todas las injusticias, todas las falsedades, el fraude y la corrupción. Cuando una persona recurre a medios deshonestos para elevarse en el escalafón profesional o social, por lo general cuanto más asciende, más se eleva en el ranking de la corrupción, de la ineptitud, de la mentira y de la imbecilidad, y más se aleja de la confianza y del contacto directo y sincero con los demás.

Por lo que es habitual que los jefes y directivos de empresas, o los dirigentes de organizaciones políticas o sindicales estén en el fondo solos aunque permanezcan siempre rodeados de una camarilla de aduladores, que jamás osarían contradecir a sus amos, porque por un lado temen la ira y las represalias de sus jefes y por otro, porque prefieren la comodidad de someterse ciegamente a la autoridad establecida; lo que hace que estos se alejen de la realidad social y se encierren en su torre de marfil, en el Olimpo de su altivez.

Pero por encima de todo tenemos que ser fieles a nosotros mismos, luchar por lo que amamos, por lo que creemos, no debemos de traicionarnos nunca, ni por el dinero, ni por el poder, ni por el estatus, ni por seguridad, una seguridad, que nunca asegurará nuestra felicidad. Podemos equivocarnos, podemos ganar o perder, pero lo que no debemos hacer nunca es rendirnos, renunciar a nuestras ideas, ni a nuestros sueños. Porque no hay autenticidad en la mentira, en el engaño, en la hipocresía ni en la traición. La autenticidad está en la verdad, en el amor, en la justicia y la lucha por la libertad.
No olvidemos que nuestra mayor fuerza radica en la determinación, en nuestra inquebrantable voluntad de luchar por lo que creemos.

No debemos olvidar nunca que la vida se nos agota como el agua entre las manos y no debemos desperdiciarla en lo más mínimo, hay que vivirla con intensidad y con coraje; si tenemos que luchar o incluso arriesgar, hagámoslo, por lo que verdaderamente creemos, o por lo que sinceramente amamos.

Tenemos que seguir luchando por un mundo mejor, donde todos seamos libres e iguales, por una sociedad Comunista Libertaria. No sé cuando las cosas empezaran a cambiar, desconozco los plazos, tampoco sé, como se sucederán los acontecimientos ni cómo será el devenir de la historia, no creo que exista ningún método científico ni esotérico para adivinar el futuro, tampoco me sirven de mucho mis limitados conocimientos ni mis nulas dotes de adivinación, pero no obstante, estoy convencido de que en algún momento, las cosas empezaran a cambiar, imperceptible al principio, pero imparable, poco a poco se encenderá la llama, se pondrán en marcha los mecanismos del cambio.

Salud compañeros.

Benito Vázquez Fernández


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REPRESENTATIVIDAD

Partiendo siempre del principio de que asamblea sin sindicato es ciega y sindicato sin asamblea es vacío, somos conscientes de que, cuando son los obreros los que promueven la representatividad, ésta deriva directamente de sus propias y exclusivas decisiones en el fondo y en la forma, y, de este modo, sus representantes son los que, en cada caso, deciden las asambleas obreras, otorgando a aquéllos un mandato concreto y sin ningún carácter permanente.

La libertad sindical por la que la clase obrera viene luchando desde el nacimiento de su conciencia de la misma, debe ser plena, y debe permitir a todos los sindicatos trabajar libremente y en igualdad de condiciones en las empresas, moverse entre los trabajadores, hacer entre ellos su propaganda y el planteamiento de sus propuestas, cuya diversidad habrá de ser contrastada en las asambleas de tajo, para decidir su parecer mayoritario en la asamblea general. Justamente ése es el cometido de la Secciones Sindicales de Empresa: estar al tanto de todos los problemas obreros, tanto particulares como generales, denunciar las arbitrariedades patronales, defender, en toda situación de agresión e injusticia, a individuos y grupos obreros y convencerlos de la razón de sus planteamientos, tanto en los casos concretos como en la visión general del movimiento obrero y de sus finalidades.

Las asambleas son las que deben decidir, en cada caso, sus propuestas y nombrar a sus representantes para planteárselas a la Patronal.. Estos representantes tendrán un margen de negociación fijado por la asamblea y, en ningún caso, deben poder tomar decisión alguna sin la aprobación mayoritaria de la asamblea general. Para negociaciones que rebasen el marco de la empresa, se habrá de proceder a coordinaciones previas entre asambleas de ramo, que deberán proceder según la metodología ya descrita. Si hablamos de esto, estamos hablando de un movimiento trabajador real y vivo y del método directo inexcusable de sus acciones. Naturalmente, con esta metodología, que es la única y propia para la canalización y defensa de los intereses de los trabajadores, las reivindicaciones obreras son más duras y radicales y pueden y deben, además, integrar planteamientos finalísticos de superación del sistema.

LA  REACCION DE LA PATRONAL Y EL ESTADO

Es claro que ni a la Patronal ni al Estado les conviene tal metodología que define a la clase obrera como competidor antagónico del Capital y no como su colaborador productivo. Por y para promover formas de relación a la medida de su conveniencia, Capital y Estado siempre han tendido a intervenir en la definición "legal" de representatividad obrera, coaccionando, forzando o aniquilando el derecho de los trabajadores a decidir la forma y el fondo de su propia representación. Las presiones de Capital y Estado, así como su estrategia de mediatizar una parte del movimiento obrero vienen manifestándose en España desde los años 20 y 30 del siglo pasado, cuando el dictador Primo de Rivera asocia a su causa al partido socialista y a la UGT en el intento de hacer prevalecer la práctica de los "Comités Paritarios" entre patronos y obreros, y cuando, ya en la II República, los socialistas en el Poder, y por su vergonzosa ley de abril de 1932, tratan de imponer la misma estructura de Primo con el nombre de "Jurados Mixtos". En ambos casos, tales intentos fracasaron por la oposición y la fuerza de la CNT, pero, visto con ojos de hoy, podemos afirmar que esos antecedentes primorriveristas y socialo-ugetistas fueron el germen de los actuales Comités de Empresa y similares, después de haber recibido la santificación de los mismos por el dictador Franco y por sus sucesores de la "transición".

Los medios patronales y estatales han sido siempre los mismos: dividir a los trabajadores, privilegiar a unos grupos determinados y erigirlos no sólo en interlocutores válidos sino incluso en interlocutores únicos, interlocutores que han de aceptar la "racionalidad" del lenguaje del Capitalismo y que, por ello, se convierten en sus servidores. Es el medio por el que capitalistas y gobernantes intentan desposeer a la clase obrera del protagonismo que le corresponde, eliminándola, como sujeto físico y moral, del campo de la acción en la reivindicación de sus derechos, e imponiéndole un sistema "parlamentario", falso de raíz, en el que los representantes compadres del Patronato pueden hacerse "representantes" con el voto del dos o tres por ciento de los "representados" y hasta con menos. Se trata con esto, por parte de las clases explotadoras, de crear unas estructuras formales donde ese dos o tres por ciento en las urnas sea el medio instrumental del travestimiento de una "participación" inexistente.

Claro que, para lograr esos propósitos, patronales y gobiernos necesitan sus propios sindicatos, los "amarillos", pero sobre todo requieren una complicidad fundamental, la de aquellos sindicatos que, tácita o expresamente, son correa de transmisión de partidos políticos, y/o la de aquellos grupos de actividad sindical puramente tradeunionista, actuantes en el campo de reivindicaciones perfectamente asumibles por el sistema. En ambos casos y dentro de la tensión obrero-patronal, el sistema sale siempre no sólo intacto sino permanente y progresivamente fortalecido, bien porque ninguno de esos "contendientes" propone modelo alguno de recambio del sistema, o bien porque, si por pura forma lo propusiera, tal "proposición" resultaría vacía e inoperativa, desde el momento en que, ya por principio, se acepta el medio, el modo y el instrumento que la Patronal y el Estado deciden, lo que hace que la acción de aquéllos no puede dejar de ser puramente reproductora del sistema.
La representatividad corrompida.

Todo lo anteriormente dicho se materializa en una operación de compra-venta por la que se convierte a esos grupos (la "fuerzas o agentes sociales", según la fraseología mediáticopolítica) en lobbies, grupos de presión política en el campo económico y adyacentes, asegurándoles "un lugar al sol" capitalista, con todos los privilegios que se derivan de tal integración en el sistema capitalista-burgués. Así nace el yuppy profesionalizado que se quita la corbata en período de campaña, que se inviste de interlocutor único, que se libera del trabajo, que asegura y blinda su puesto de trabajo en cualquier avatar de reconversión económica de la empresa o de despido de trabajadores, que se dota de tiempo libre de carácter privado, de un status de excepcional consideración social, preparativo todo ello del primer peldaño de una "carrera política" posterior, etc, etc. Y lo más sangrante de la cosa es que tal compra-venta, y por lo tanto tal derrota de la clase obrera como tal, se pretende presentar como una "conquista" de clase tanto por los beneficiadores como por los beneficiados de tal trato o trueque.

¡El colmo de la desfachatez y del cinismo!.

La operación aquí descrita es de lo más inteligente por parte del capitalismo. Su bicoca consiste en obtener así una organización del trabajo donde, formalmente, aparece como actuante la figura del "agente social", a la vez que, en términos reales, tal "agente" actúa sólo de garante de todas las limitaciones reivindicativas de cualquier índole, a la vez que de terminator de la operatividad transformativa de la clase obrera como tal. Su misión efectiva es la de vaciar de contenido las reivindicaciones de transformación, a la vez que la de provocar en la mente del trabajador el convencimiento de que organizarse es inconveniente y hasta absurdo, ya que, con el tiempo, se genera la cultura de la delegación y dependencia que impide el protagonismo obrero, y, por contrapartida, se potencia el egoísmo del personal y su insolidaridad de clase, en beneficio de la "paz social", en la que el empresariado medra y el sistema se fortalece.

Efectividad propatronal de los Comités de Empresa.

Por lo que se refiere a España y a la eficacia propatronal de los Comités de Empresa, es muy elocuente el ejemplo de Euskalduna (Bilbao), donde el Gobierno, durante la reconversión naval de los años 86-87, cerró el astillero con el acuerdo de los sindicatos CCOO, UGT y ELASTV, más el inestimable apoyo desmovilizador de los Comités de Empresa de los restantes astilleros de la nación. En los seis meses de enfrentamiento que mantuvieron los obreros de Euskalduna, jamás se dio una huelga de solidaridad en el sector.

Otro ejemplo, más elocuente aun por ser más general, es el que se deriva del análisis de las luchas entre los años 82 y 87 de siglo pasado: En ese tiempo, el tiempo del gran desmantelamiento industrial para nuestra entrada en Europa, todos recordamos las luchas contra las reconversiones del campo, de la pesca, de la minería, de la industria en general. Eran los tiempos de la lucha en la siderurgia, abanderada por Sagunto y Reinosa, la de los astilleros en Puerto Real, Euskalduna, Gijón y otros, la de los campesinos con sus interminables caminatas y sus huelgas de hambre, las violentas respuestas de la minería asturiana, las luchas del textil y en el sector del automóvil... Eran, pues, los tiempos apropiados para la lucha conjunta, para la huelga general. Pues, bien, los "sindicatos", esos interlocutores válidos y únicos que se buscó el capitalismo, supieron bien hurtarse a ese imperativo de la clase y a esa coyuntura histórica. ¿Y cómo lo hicieron ? Pues apoyándose en sus "brazos largos", los Comités de Empresa, que impidieron la solidaridad y la lucha en común entre todos los sectores, en suma, la huelga general que se hacía manifiestamente necesaria. Medio empleado: el arma del miedo y el fomento del egoísmo localista.

Veamos ahora de qué tipo de "representatividad" se trata. Por mucha minoría y archiminoría que sean los votantes, la ley les permite componer los Comités de Empresa y les otorga la representación de todo el colectivo. Por ejemplo, en el año 1983 y en el astillero de Puerto Real, el máximo de votos recibido por el presidente del Comité fue de 125, y de 71 el del máximo líder de la UGT. La plantilla obrera superaba entonces los 3.000 trabajadores. La pregunta sale sola: ¿a quién representaba esa gente?. Queda, pues, claro que la representatividad de los Comités de Empresa no se la dan los trabajadores sino la ley del Estado y la voluntad de los empresarios que la promueven.

Otra de las grandes artimañas de las que se valen los "sindicatos oficiales" (que lo son unos más que otros, pero que, en conjunto, son todos aquellos que aceptan las elecciones sindicales) es la de utilizar a su antojo y en su propio beneficio su doble condición de "representatividad", como Secciones Sindicales de Empresa y como Comités de Empresa, habida cuenta de que la ley pro- patronal sólo reconoce derechos de representatividad funcional a las Secciones Sindicales que se hayan presentado a las elecciones sindicales. Pues bien, cuando tales "sindicatos" encuentran dificultades como Comités de Empresa para sacar adelante sus propuestas, echan entonces mano de su otro tipo de "representatividad" como Secciones Sindicales para hacer pasar lo que los trabajadores rechazan. 
Un ejemplo de la práctica de tal triquiñuela se dio, en el astillero de Puerto Real con motivo de la votación del Convenio Colectivo del año 91-92, cuando la propuesta del Comité de Empresa fue totalmente rechazada por los trabajadores, que aceptaban palmariamente, en la asamblea, las propuestas de CNT, donde se contenía una estrategia de lucha de bajo rendimiento indefinido en la producción. En esa situación, al ver el Comité la imposibilidad de sacar adelante su propuesta a mano alzada y en presencia, forzó la votación secreta, y se encontró con que de 2500 trabajadores sólo votaron 480, y de ellos sólo dijeron sí 439, 38 dijeron no y tres nulos. O sea que más de 2000 trabajadores, siguiendo la línea de la propuesta de CNT, se abstuvieron. ¿Renunció entonces el Comité de Empresa a su propuesta ante la negativa de la inmensa mayoría de los trabajadores?. De ninguna manera. Era una propuesta que convenía la Patronal y había que sacarla adelante. El medio fue dimitir como Comité de Empresa y votar el convenio como Secciones Sindicales. Para esto les sirve su dualidad "representativa". Y, como botón de muestra, véase el siguiente fragmento de un documento circular de la empresa, fechado el 7-8-91 y expuesto en el tablón de anuncios del astillero:
"El 23 de agosto se abonará un anticipo de 50.000 pts., a cuenta de los atrasos de los salarios devengados, a todos los afiliados de las Centrales Sindicales firmantes, así como al resto del personal, excepto a aquellos que, expresamente, manifiesten su rechazo al Convenio Colectivo 1991-1992, antes del 16 de los corrientes".

Pero que nadie se escandalice creyendo que éste es un caso de particular corrupción entre patronos y Comité de Empresa de la Bahía de Cádiz. Es, por el contrario, la práctica habitual de ese gran contubernio "representativo". Una vez impuesto el Convenio de la manera referida, los dimitidos del Comité siguieron actuando como sección sindical durante varios meses, luego forzaron unas elecciones sindicales y volvieron a salir Comité de Empresa en las condiciones descritas más arriba.
La última reconversión naval del 2004 es igualmente aleccionadora sobre la estrategia y misión real de los Comités de Empresa. Se trataba por parte del sector de un recorte drástico, mortal, de la mano de obra, manteniendo, naturalmente, la exigencia de dejar a salvo los intereses militares en su área naval. El papel de los Comités fue el de siempre: tratar de continuo con la SEPI a espaldas de los trabajadores; garantizar la salvaguardia de la construcción naval militar; aprovecharse -ya que no podía impedirla- de la espectacularidad de la movilización obrera, a fin de fortalecer sus propios intereses de grupo de presión; dejar llegar la cuestión al agotamiento, a la sensación de esterilidad de las acciones, a la vía muerta, y, finalmente, a la ruptura de la solidaridad por el procedimiento de los favorecimientos localistas, con abandono a su suerte de los demás, o sea, a la privatización, antesala de la desaparición. Y, tanto en un caso como en el otro, consagrar el desmantelamiento de la mitad de la mano de obra: cinco mil puñeteros obreros a la calle.

Necesidad del rechazo absoluto de los Comités de Empresa y de los propulsores de los mismos.
Si queremos, ahora, abundar en la cuestión del "precio" de esa venta, veamos unos pocos datos más que ilustran esa operación. El Estatuto del Trabajador concede a cada delegado de 15 a 40 horas de liberación del trabajo, según el número de obreros de la industria, pero las empresas, a la vista de lo lucrativo del sistema-comités, permiten a esos delegados la liberación a jornada completa. Al mismo tiempo, los sujetos de los Comités pueden acumular horas sindicales de varios delegados y liberar a otros miembros del Comité para dedicarlos como funcionarios de los sindicatos fuera de las empresas. Se les permite entrar y salir de la empresa cómo y cuando quieran, y aprovechan dichas horas para cuestiones personales del gusto de cada uno.

En la pelea por ser mayoritarios en el Comité se practica normalmente la mendicidad del voto o la promesa de favores futuribles por el mismo. Se crea así el hábito del clientelismo en el que el "cliente" exige la prioridad de sus intereses. Se enfrenta a unos trabajadores con otros; el deterioro de la moral obrera es, así, creciente y, con frecuencia, la pérdida de dignidad llega a hacer irrespirable el aire de la empresa, un ambiente que hace casi imposible el mantenimiento de cualquier identidad ideológica.

El sistema de las elecciones sindicales está envenenado y envenena por necesidad a cualquiera que lo acepte y entre dentro de él. Esto debe tenerlo muy en cuenta la CNT y el anarcosindicalismo en general. Los escisionistas de la CNT de los años 80, hoy CGT, decían ir a las elecciones sindicales para vaciar de contenido a los Comités de Empresa y destruirlos. Hace mucho tiempo que, ya totalmente envenenados, son los mayores defensores del sistema de comités. Otras secuelas de la CGT, que también insisten en llamarse "libertarios", los de "Solidaridad", pretenden justificar su asistencia a las elecciones sindicales diciendo que los Comités de Empresa favorecen la formación de secciones sindicales. Seguramente se están refiriendo a ese tipo de secciones que, como vimos más arriba, alternan con los Comités, y ya sabemos lo que da de sí esa dualidad "representativa". Con ese lenguaje, ambiguo a veces y falso siempre a todas luces, pretenden esos "libertarios" llevarnos al huerto de la "unidad" ¿De qué "unidad", cómo, con quién, en nombre de quién, a costa de qué? Quien no sea capaz de ver la falsedad de las elecciones sindicales y de los Comités de Empresa, y que diáfanamente constituyen una estrategia patronal, lo llevan mal, muy mal. Así que, si no quieren enmendarse y dudamos ya de que puedan, sigan por donde van, afianzando el sistema e integraditos en él, y déjennos tranquilos, que conocemos muy bien su intención de inficionar nuestra coherencia para justificarse a sí mismos.

Somos muy conscientes de que el camino del anarcosindicalismo es duro y difícil, incluso muy duro y muy difícil, pero es el único que ofrece, en su día, garantía de liberación para la clase obrera. Siempre el sistema estuvo en contra nuestra y en ello puso y pone sus máximos esfuerzos. Frente a ellos, nuestra resistencia hizo que aquí estemos, todavía enteros, coherentes, con una práctica limpia y una meta clara donde ir. La clase obrera lo sabe, incluso en su situación de impotencia actual. No han podido borrarnos, ni absorbernos, ni integrarnos ni corrompernos. Que los demás echen una mirada a su trayectoria y a su presente, y saquen sus consecuencias, si tienen arrestos para ello.

José Luis García Rúa – José Gómez González



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EN DEFENSA DE LOS PUEBLOS NATIVOS

La historia de los pueblos, son escritas por los vencedores y por lo tanto, la de los vencidos, volcada al ostracismo, relegada y culpabilizada por una intolerancia infinita que los expropian de sus tierras, de su moral y costumbres, de su libertad y sus vidas. Nada justifica tales actos ignominiosos y contra ellos hemos de revelarnos demostrando y activando nuestra solidaridad internacional. Que sus historias crezcan y permanezcan en nuestra memoria.

Mi primer grano de arena se ha inclinado hacia dos pueblos (existen más de trescientos) que llaman profundamente mi atención y que respeto profundamente por la riqueza de su organización social, por su rebeldía y por su imponderable “democracia directa”: IROQUESES Y MAPUCHES.
Es evidente que cuando comenzamos a leer, lo hacemos de forma dubitativa e inconstante. Con el tiempo (no sin esfuerzo)  con perseverancia y empeño, logramos convertirla en una soberana y hermosa pasión. En ése caminar, de tropezón en tropezón, apenas sin entender, hasta que lo releemos años más tarde y logramos comprender, los por qué y sus enseñanzas. Vamos pasando de un libro a otro, obligado por su contenido, sus notas y referencias.    
       
  Fue así como creció en mí un gran interés por el conocimiento de las ideas y la toma de conciencia, en la relación del hombre con la naturaleza. El Apoyo Mutuo de Piotr Kropotkin y el Hombre y la Tierra de Élisée Reclus  fueron obras que me marcaron y señalaron un camino, en la defensa de los  pueblos autóctonos, derrotados y oprimidos; física y culturalmente masacrados por los Estados, cuya ambición de poder es inagotabables.

 LOS IROQUESES

Gracia a la lectura del Origen de la Familia de Friedrich Engels, supe de Lewis Henry Morgan, considerado uno de los fundadores de la antropología moderna. A través de él pude ilustrarme y comprender, la grandiosidad de la organización social y económica de los pueblos Iroqueses.
Estos pueblos se constituían en una cultura matrilineal, donde la tradición y las decisiones más importantes pasaban por la senda de las mujeres. El clan o la comunidad estaba constituido por familias centradas en la mujer. Los hijos recibían el nombre del clan de la madre. Eran las mujeres, las que elegían a los nuevos jefes y a los cincuenta delegados o hombres buenos para los Concilios de las Cinco Naciones y además administraban lo que se debía cultivar y su extensión. Tenían vigente una especie de matrimonio fácilmente disoluble por ambas partes, la descendencia de este tipo de parejas era reconocida por toda la tribu, pero los iroqueses no solo llamaban hijos e hijas a los suyos propios sino a todos los hijos de sus hermanos, por el contrario llamaban sobrinos y sobrinas a los hijos de sus hermanas. 

Las naciones conservaban su soberanía y participaban en las decisiones de la Confederación y la responsabilidad de proteger la paz, el mundo natural y las futuras generaciones.

En 1640 se desató la Guerra de los Castores, donde los iroqueses quedaron enfrentados a los franceses aliados con las tribus algonquinas por el monopolio de las pieles alentados y manipulados por holandeses, franceses y británicos.

En conjunto estos pueblos constituyen la más antigua democracia participativa de América, y tuvo una influencia directa tanto en la democracia y el constitucionalismo, como en la idea de la igualdad de mujeres y hombres en la sociedad moderna. En especial Benjamín Franklin, quien tuvo trato directo con ellos en 1753, destacó en sus obras que el grado de autonomía individual que gozaban los habitantes de la confederación era desconocido en Europa y publicó los tratados indios, considerada como una de sus obras más importantes.

Todas las tribus se organizaban en un sistema de clanes con diferentes denominaciones. Se dividían en ohwachira (gran familia), cada una de las cuales tenía un Oyaron (espíritu protector propio) y eran de tipo matriarcal, hecho que se reflejaba en la costumbre de que el niño recibía un nombre del clan de la madre. Ningún hombre podía presidir un clan y ninguna mujer ser jefe militar o Sachem. A las jefas de los clanes correspondía elegir a los jefes militares.

La casa comunal era un rasgo característico de los pueblos iroqueses. Cada una de ellas constituía un microcosmos de la comunidad entera y se convertía en un símbolo de su identidad. Así, normalmente hablaban de ellos mismos como "El pueblo de las casas comunales".

Algunos iroqueses fueron convertidos al catolicismo y lucharon contra los que habían mantenido la religión nativa. Durante las luchas por la independencia de Inglaterra los iroqueses se dividieron, una parte apoyó a los ingleses y otra peleó al lado de los rebeldes. Los norteamericanos invadieron los terrenos de los iroqueses, los vendieron y fragmentaron su cultura enfrentándolos. Después de la independencia de los Estados Unidos gran cantidad de iroqueses tuvieron que emigrar a Canadá y el resto fue desplazado de sus territorios originales.

LOS MAPUCHES

Si en el caso de los iroqueses mi atención hacia su historia fue debida a la lectura del Origen de la Familia, la de los mapuches me abordó a contra mano, y por mi propia familia. Lo cierto es que mi hija Susana, ha vivido en Chile cerca de trece años, dedicada a sus estudios y posterior empleo como profesora e investigadora de biología en las universidades de Concepción y de Chillán. De su relación con Julio su pareja nos gratificaron con un hermoso niño hispano chileno: mi primer nieto. En sus visitas, siempre me aportaba algún detalle; entre los que más me agradaron fueron: una bandera mapuche y  un libro editado por Pehuén, sobre el testimonio de un cacique mapuche llamado: Longo Pascual Coña. Pero sobre todo ha sido el trabajo de José Bengoa: Los Mapuches: historia, cultura y conflicto  quién me ha permitido un mayor entendimiento y comprensión sobre la historia y los problemas actuales de éste gran pueblo. Vaya para José Bengoa mi agradecimiento  por poder mostrar parte de su trabajo.

Los Mapuches son el pueblo nativo más numeroso de Chile. Casi un millón de personas se consideran miembros de esa cultura. La historia del país es inseparable de la historia mapuche. Los españoles los denominaron araucanos y la voz la hizo famosa en el poema de La Araucana, del poeta Alonso de Ercilla y Zúñiga. Habitaban a la llegada de los españoles un enorme territorio desde los valles al norte de lo que hoy es la capital de Chile, Santiago, hasta donde comienzan las islas del Sur, el Archipiélago de Chiloé. Hoy, habitan en comunidades rurales en el sur de Chile y en menor medida en el sur de Argentina y muchos han migrado a las ciudades. Es un pueblo con una fuerte identidad y que mantiene vivas la mayor parte de sus tradiciones y su lengua.

Los mitos de origen de los mapuches muestran hasta el día de hoy esa lucha despiadada entre la tierra y el agua, entre la lluvia y las montañas, siempre refugio para los humanos.

Allá en el fondo del mar en lo más profundo, vivía una gran culebra que se llamaba Kaikai. Las aguas obedecían a las órdenes de la culebra y un día comenzaron a cubrir la tierra. Había otra culebra tan poderosa como la anterior que vivía en la cumbre de los cerros. El Ten Ten aconsejó a los mapuches que se subieran a los cerros, cuando comenzaron a subir las aguas. El agua subía y subía y el cerro flotaba y también subía, los mapuches se ponían cantaritos sobre la cabeza para protegerse de la lluvia y el sol, y decían cantando Kai, Kai, Kai, y respondía, Ten, Ten, Ten, Hicieron sacrificios y se calmó el agua, y los que se salvaron bajaron del cerro y poblaron la tierra.

El centro de la cultura mapuche antes de la llegada de los españoles se encontraba alrededor de los grandes ríos del sur de Chile. Podemos denominarla como una “sociedad ribereña”, ya que transcurría a las orillas de los ríos y lagunas que abundan en esa parte del territorio. Por sus aguas remaban en sus canoas, algunas muy grandes, se reunían en hermosos parajes, denominados “aliwenes”, donde realizaban sus fiestas interminables. Era una sociedad opulenta. Una “sociedad sin Estado” donde la cortesía permitía que se mantuviera la paz. Los jefes, llamados “lonkos” o cabezas, dictaban justicia sentados en amplios asientos de madera bajo los árboles. Sus sentencias eran inapelables. Enormes familias poligámicas permitían que se relacionaran todos con todos y que la sociedad mapuche fuera una red entrelazada de parientes.

Todo cambió terriblemente con la Conquista. Ha sido sin duda una de las situaciones más duras y brutales que ha existido en la historia humana: mundos, sociedades, culturas, seres humanos que no se conocían, ni tenían idea siquiera de su existencia. Lo que ocurrió es conocido. Los conquistadores españoles demostraron un ímpetu vertiginoso. En unas pocas décadas cruzaron desde el mar Caribe hasta el estrecho de Magallanes en el extremo sur americano. Su pasar no fue suave sino apasionado, revuelto, codicioso, habría que decir también tormentoso.

En el sur de Chile vivía una población cercana al millón de personas. En menos de cuarenta años se produjo una catástrofe humana y poblacional. Los mapuches fueron diezmados y la población quedó reducida a menos de doscientas mil personas. No se levantará de esa cifra hasta fines del siglo veinte. Las pérdidas por el lado hispánico no fueron pocas y entre ellos sucumbió el Gobernador y Conquistador de Chile, Pedro de Valdivia. El joven guerrero, conocido como Lautaro, lo venció en Tucapel, en el sur del territorio.

La “Pacificación de la Araucanía”, como se denominó esta operación, se realizó en el marco pleno de la legalidad republicana del Estado chileno. Decisiones tomadas en el Congreso nacional, presupuestos aprobados, regimientos del ejército regular de la República, coroneles y generales profesionales, etc… No es como puede creerse una historia de aventureros desalmados. Por el lado chileno dirigía las operaciones el Ministro del Interior Señor Manuel Recabarren y por el lado Argentino el entonces Coronel y próximo Presidente de la República Julio A. Rocca. Una operación pinzas, concertada, coordinada, terminó con la oposición “araucana”.

El 24 de febrero de 1881 es fundado el Fuerte Temuco en medio de la Araucanía y el 1 de enero de 1883 se refunda la ciudad de Villarrica que había sido destruida por los mapuches o araucanos hacía casi tres siglos antes. A partir de 1884 comienza el proceso de radicación de indígenas en reservaciones. A las agrupaciones mapuches se les entregan “Títulos de Merced” por esas propiedades. Un promedio de 6 hectáreas por persona. En total se les entregó quinientas mil hectáreas a un poco menos de cien mil indígenas, dejando a muchos sin tierra. Tres mil comunidades o reservaciones fueron constituidas entre 1884 y 1927, en que concluyó el proceso. La rica sociedad ganadera fue reducida a un pequeño espacio, empobreciéndose mediante la fuerza. A partir de esta situación comienza un complejo conflicto indígena en el sur de Chile que dura hasta el día de hoy.
¿Es posible una convivencia en Chile, de una sociedad criolla moderna, o que se autoconsidera camino a una modernidad avanzada, y formas de expresión autónomas de la sociedad indígena mapuche? ¿O cómo dicen los párrafos del epígrafe, se los obligará a la pertenencia a la común ciudadanía sin apelación? ¿O simplemente, como dice otro comentarista también anotado, se los deberá reprimir y “encerrar” hasta que se extingan? Si los mapuches no se movilizan, por cierto que la cuestión étnica desaparece. Es lo que ha ocurrido cada vez que se llega al límite de las presiones como han sido estas huelgas de hambre prolongadas. La sociedad vuelve a olvidarse de su existencia y la “normalidad” se apodera de los satisfechos. Pero la historia que resumidamente hemos relatado en este artículo, y por eso vale el recurso a la Historia, muestra que no ha sido así. Cada cierto tiempo, en una suerte de ciclos trágicos, se rearticulan las demandas, se levantan las movilizaciones y la reacción del Estado vuelve por sus mismos caminos.

Pepe Gómez, militante de CNT.AIT       
Puerto Real, Diciembre 2017

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