Caso Almería: las vergüenzas de la Transición
La justicia y la memoria tienen asuntos
pendientes con la llamada Transición española. Uno de los más significativos –y
sombríos – es el que tiene que ver con Luis Cobo Mier, Luis Montero García y
Juan Mañas Morales. En la madrugada que transcurre entre los días 9 y 10 de
mayo de 1981 se gesta el conocido como Caso Almería. Esa noche son arrestados
por la Guardia Civil en la localidad de Roquetas de Mar estos jóvenes
trabajadores residentes en la provincia de Santander (aún Cantabria no disponía
de Estatuto de Autonomía) cuando, al parecer, son erróneamente reconocidos en
el transcurso de su viaje de Santander a Almería como militantes de ETA.
"Mi querida familia, ante el
respeto que merecen me dirijo a Vds. para contarles el hecho siguiente respecto
a las extrañas circunstancias de la desgracia de buestro (sic) hijo y
compañeros que fallecieron en manos de los asesinos de la Comandancia [de la
Guardia Civil] de esta localidad". Así comenzaba una carta anónima escrita
por un agente del cuerpo policial militarizado que fue remitida a la familia de
Mañas Morales tres años después del asesinato de los tres jóvenes y en la que
daba cuenta de las torturas y la forma en la que once guardias civiles acabaron
con los trabajadores.
Los motivos y las circunstancias del viaje
Juan Mañas tenía 24 años, era
almeriense de Pechina, pero llevaba varios años trabajando en la FEVE,
destinado en Santander. Luis Montero –33 años, trabajador de FYESA y miembro
del PCE y CCOO – y Luis Cobo –28 años y trabajador de ACERIASA – eran buenos
amigos de Juan, quien los invitó a la primera comunión de su hermano menor,
Francisco Javier, que se iba a celebrar en su localidad natal el domingo 10 de
mayo.
Las "extrañas
circunstancias" de las que escribía el agente sin nombre comenzaron el 7
de mayo cuando, después de salir de sus respectivos trabajos, los jóvenes
emprendieron su viaje, en un SEAT 127, matrícula de Santander, con la intención
de hacer noche en Madrid, en un piso que le había prestado un amigo a Luis
Cobo. Ese mismo día por la mañana se produjo en la capital un atentado de ETA
sobre el vehículo en el que viajaba el general Joaquín de Valenzuela, Jefe del
Cuarto Militar del Rey, dejándolo malherido y matando a los tres militares que
iban con él.
Inmediatamente, las fuerzas de
seguridad del Estado montaron los dispositivos oportunos para la detención de
los militantes de ETA sospechosos de participar en la acción. Se sospechaba de
José María Bereciartúa y José León Mazusta, apoyados por un tercer integrante
del comando al que se conocía por Goyenechea Fradúa. En la prensa aparecieron
publicadas las fotografías de los dos primeros junto con la de José Andrés
Izaguirre Gogorza, 'Gogor', del que se sospechaba que estaba al frente del comando.
De Goyenechea Fradúa, al parecer, no existían fotografías.
Los jóvenes santanderinos ya eran
conocedores de lo sucedido en Madrid, pero arribaron a la capital sin
incidentes reseñables, salvo por algunos problemas que les estaba dando el
automóvil y que hicieron que, a la mañana siguiente, antes de continuar su
viaje, se detuvieran en un taller cercano a la vivienda en la que habían
pernoctado. No obstante, continuaron su viaje hasta que, en una localidad
manchega, El Provencio, la avería se hizo patente. Se detuvieron en el primer
taller que encontraron y allí decidieron dejar el coche para su reparación. El
mecánico les acercó en su coche a la estación de ferrocarril de Villarrobledo,
desde donde viajaron a Alcázar de San Juan para intentar un enlace con el tren
de Andalucía.
Cuando llegaron a la estación
comprobaron que el siguiente tren no salía hasta las cuatro de la madrugada,
así que decidieron alquilar otro coche. En las afueras de la estación
preguntaron a unos taxistas y a gente que pasaba por allí por una casa de
alquiler de coches. Les informaron de que solamente había en la localidad de
Manzanares, a unos cuantos kilómetros. Así, tomaron un tren que iba a
Manzanares y, finalmente, Luis Cobo alquiló a su nombre un Ford Fiesta con
matrícula de Ciudad Real. Con él llegaron a su destino en Pechina ya entrada la
noche.
El periplo por tierras manchegas
en pos de una conexión para proseguir su viaje a Andalucía exaltó la fantasía y
el fervor patriótico en algunas de las personas con las que habían hablado. Una
de ellas, al día siguiente, 8 de mayo, tras ojear el periódico y observar las
fotografías de los etarras a los que se atribuye el atentado contra el general
Valenzuela, creyó reconocer en los jóvenes de Santander a dichos militantes
vascos. Buscó la anuencia y corroboración de otros y decidieron denunciar a la
Policía y a la Guardia Civil sus conjeturas.
La caza



