María Teresa Toral Peñaranda - la ciencia encarcelada
A María
Teresa Toral se la puede definir desde muchos puntos de vista. Se alude a ella,
desde el geográfico, como española, pero también como mexicana. Y desde el de
su dedicación, como científica y como artista. En cualquiera de los campos, sus
biógrafos hablan de ella como una mujer ejemplar, y a pesar de todo, como se
puede leer en la contraportada del libro que le dedicó Antonina Rodrigo,
incomprensiblemente, su nombre es aún irreconocible y su vida silenciada. “Si
Teresa Toral fuera americana ya habría una película de ella”, asegura la autora
en una entrevista.
En el Año
Internacional de la Química, conmemorado el pasado 2011, M. Carmen Toro Muñiz e
Isabel M. Toro Muñiz, le dedicaron un artículo en la revista Pasaje a la
Ciencia en el que aseveraban que María Teresa, la tercera de siete hermanos,
nació un 20 de mayo, en un hogar de tradición literaria, en el Madrid de 1911.
Hija del
notario José Toral, y de una madre culta que adoraba la música aunque no
estudió porque no era costumbre en la época, desde pequeña cultivó sus
aficiones artísticas centradas, en aquel tiempo, en la pintura, el estudio de
la música y en arrancar melodías a su piano.
Se educó,
con sus dos hermanas mayores, Carolina y Concha, en un colegio francés, lo que
le permitió aprender el segundo de los cinco idiomas que dominaría, y terminó
el bachillerato con unas notas extraordinarias y con la decisión de dedicarse a
la ciencia.
María Teresa
Toral Peñaranda se iba a convertir en la primera universitaria de la familia y
su padre le aconsejó que estudiara farmacia, una carrera apropiada y práctica
para una mujer, según decía.

