QUINTO ANIVERSARIO DE MI APOSTASÍA
Foto: el día de mi baja definitiva de la iglesia católica
Deseando que llegue el 10 de Junio de 2020 para celebrar como
todos los años el quinto aniversario de mi liberación como persona de la Iglesia
Católica. De momento ya no estoy afiliado ni pertenezco a esa organización
subvencionada económicamente por el gobierno con dinero de nuestros impuestos,
el que quiera iglesia y cura que se la pague.
Predican humildad y viven como dioses.
Paco Aragón – Puerto Real
LA ANARQUÍA Y LA IGLESIA
La conducta del anarquista hacia el
hombre de iglesia se halla trazada de antemano en tanto que curas, frailes y
toda clase de detentadores de un supuesto poder divino se hallen constituidos
en liga de dominación, ha de combatirlos sin descanso, con toda la energía de
su voluntad y con todos los recursos de su inteligencia y de su fuerza. Esa
lucha no ha de impedir que se guarde el respeto personal y la simpatía
humana a cada individuo, cristiano, budista, fetichista, etcétera, en cuanto
cese su poder de ataque y dominio. Comencemos por libertarnos y trabajemos
después por la libertad del adversario.
Lo que
ha de temerse de la Iglesia y de todas las Iglesias nos lo enseña claramente la
historia, y sobre este punto no hay excusa: Toda equivocación o interpretación
desnaturalizada es inaceptable; es más, es imposible. Somos odiados, execrados,
malditos; se nos condena a los suplicios del infierno, lo que para nosotros
carece de sentido, y lo que es positivamente peor, se nos señala a la venganza
de las leyes temporales, a la venganza especial de los carceleros y de los
verdugos y aún a la originalidad de los atormentadores que el Santo Oficio,
vivo aún, sostiene en los calabozos. El lenguaje oficial de los papas,
fulminado en sus recientes bulas, dirige expresamente la campaña contra los
«innovadores insensatos y diabólicos, los orgullosos discípulos de una supuesta
ciencia, las gentes delirantes que proclaman la libertad de conciencia, los
depreciadores de todas las cosas sagradas, los odiosos corruptores de la
juventud, los obreros del crimen y de la iniquidad». Anatemas y maldiciones
dirigidas preferentemente a los revolucionarios que se denominan libertarios o
anarquistas. Perfectamente; es lógico que los que se dicen y se consideran
consagrados al dominio absoluto del género humano, imaginándose poseedores de
las llaves del cielo y del infierno, concentren toda la fuerza de su odio
contra los réprobos que niegan sus derechos al poder y condenan todas las
manifestaciones de ese poder. «¡Exterminad! ¡Exterminad!» tal es la divisa de
la Iglesia, como en los tiempos de Santo Domingo y de Inocencio III.
A la
intransigencia católica oponemos igual intransigencia, pero como hombres, y
como hombres inspirados en la ciencia, no como taumaturgos y verdugos.
Rechazamos por completo la doctrina católica, lo mismo que la de todas las
religiones afines; combatimos sus instituciones y sus obras, trabajamos para
desvanecer los efectos de todos sus actos. Pero esto sin odio a sus personas,
porque no ignoramos que todos los hombres se determinan por el medio en que sus
madres y la sociedad los han colocado; sabemos que otra educación y
circunstancias menos favorables hubieran podido embrutecernos también, y lo que
sobre todo nos proponemos es desarrollar para ellos, si aún es tiempo, y para
las generaciones venideras, otras condiciones nuevas que curen a los hombres de
la «locura de la cruz» y demás alucinaciones religiosas.